El sentir del cuento no son los sentimientos del narrador. Al igual que el cuento tiene un pensar en imágenes totalmente propio, también tiene una vida sintiente totalmente propia que, por supuesto, se relaciona y despierta nuestro sentir.
¿Cómo nos adentramos en el sentir del cuento? Mediante tres herramientas preciosas: La creación de atmósferas, la incorporación de personajes y el trabajo con las polaridades. Vamos a ver un poquito sobre la primera.
Michael Chéjov define la “atmósfera” como sentimientos y emociones que se encuentran en el aire sin pertenecer a nadie en concreto pero afectándonos a todos. Podríamos decir que la atmósfera es “el alma del espacio”. He aquí un ejemplo cotidiano. Después vemos cómo aplicarla a los cuentos.
Si entramos repentinamente en una habitación en la que un grupo de personas está discutiendo percibiremos en el aire una gran tensión. Quizás pensemos eso de “el aire se puede cortar con cuchillo”. Esta atmósfera de tensión, enfado o tristeza, este aire tenso, duro, irrespirable quizás, va a afectarnos de diferente forma según sea nuestra personalidad. Tal vez seamos personas a las que no nos gusta el enfado, que nos cuesta estar en espacios donde no reina la paz y la armonía y que tratamos, por la razón que sea, de que las personas nunca se enfaden, de que “todo esté bien”. En ese caso esta atmósfera quizás despierte en nosotros ganas de ayudar, de tratar de resolver la tensión, de mediar…Entonces quizás hagamos una broma para quitar tensión, o invitemos a comer, o incluso nos coloquemos directamente a mediar en la discusión. Pero tal vez ocurre que somos personas reservadas, sin ganas de que los asuntos ajenos nos hagan demasiado ruido por dentro. Entonces simplemente cerraremos de nuevo la puerta diciendo “Disculpad, vuelvo en otro momento.”
Es bueno entrenarse a percibir las muchísimas atmósferas por las que pasamos cada día y ver cómo nos afectan. Cada vez que entremos en una habitación, en un bar, en un hospital, que salgamos a la calle o al campo a dar un paseo bajo las estrellas …cada lugar y cada tiempo tienen una atmósfera, un sentimiento que llena el aire por completo.
Si vamos ahora a un cuento, podemos ver que cada vez que cambiamos de tiempo o de lugar, la atmósfera se transforma. Un cuento puede quizás comenzar con una atmósfera grave, de despedida o de pérdida, para pasar después a una atmósfera de aventura y quizás luego a una de incertidumbre o miedo, luego a una de confianza…¡Podemos encontrar una atmósfera, un sentimiento, en cada escena del cuento y también una suerte de atmósfera general de todo el cuento! Eso sí, recordemos que las atmósferas no son los sentimientos de los personajes, sino los sentimientos que hay en el espacio. Caperucita en el bosque está feliz y encantada de la vida, pero a su alrededor se cierne una atmósfera de amenaza que ella no percibe. Atreyu en el pantano de la tristeza está rodeado de una pena infinita, pero en su interior vive el coraje que le lleva a sobreponerse a esa atmósfera para llegar a su objetivo. Su caballo Artax, sin embargo, sucumbe a la pena; la atmósfera le invade y se hunde en el pantano.
Michael Chéjov nos enseña no sólo a percibir las atmósferas existentes, sino a crearlas. La técnica de creación de atmósferas nos permite crear sentimientos que llenen el espacio y comunicarnos con quien recibe el cuento no sólo con las palabras, no sólo imágenes, sino con el poder del sentimiento que toca el corazón sin decir una sóla palabra. Cuando hablamos de la tristeza sin crear la atmósfera de la tristeza, hablamos en un espacio psicológico vacío. Decimos meras palabras que se entienden, pero no nos tocan. La atmósfera viste de sentimiento a la palabra y le da todo lo que la palabra por sí sóla no puede decir…la atmósfera son las alas del alma que llevan la palabra hasta el corazón de quien escucha el cuento.
Veamos algunos ejemplos en vídeo sobre cómo empezar a trabajar la creación de atmósferas.
TERMINA EL ARTÍCULO CON… 4ª PARTE: LA VOLUNTAD DEL CUENTO
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